Volvemos a Lipman. En una de sus obras ya clásicas, La filosofía en el aula (1992), reflexiona sobre el papel que a su juicio debe jugar la filosofía en la educación, y nos dice cosas como éstas: “El modelo tribal de educación, por el que el niño se inicia en la cultura, de hecho logra que la cultura asimile al niño. Al contrario, el modelo reflexivo de educación procura que el niño asimile la cultura. Un buen ejemplo a propósito de esto sería el libro de texto. Tal y como habitualmente existe, el libro de texto es un recurso didáctico que se levanta contra el niño como un otro ajeno y rígido. Tiene este inexorable carácter porque representa el producto final del punto de vista aceptado o del adulto sobre la materia.(…) Sigue estando organizado lógicamente, con un índice general o una sucesión de lecturas, en vez de seguir un orden psicológico, en el sentido en que se desarrollan los intereses y las motivaciones del niño.
No es algo que el chico quiere disfrutar o poseer, como uno se divierte y asimila un cuento o un cuadro; por el contrario, resulta ser un resumen de contenidos formal, monótono, agobiante y, muchas veces ininteligible que se espera que el niño aprenda.”
(Lipman, Matthew: La filosofía en el aula. Ed. De La Torre, Madrid, 1992. p.41)

Por eso, en el currículo de Filosofía para Niños “el texto tradicional ha dado paso a la novela filosófica, una obra de ficción que consta, en la medida de lo posible, de diálogos, de forma que queda eliminada la molesta voz del narrador adulto. Cada página está salpicada de abundantes ideas filosóficas, de manera que es raro que una criatura lea una página sin tropezar con algún problema, alguna polémica o alguna perplejidad.
Como l@s niñ@s que aparecen en la novela llegan a implicarse en una cooperación intelectual, y de esta manera forman una comunidad de investigación, la historia se convierte en modelo de comportamiento para los niños en el aula.(…) De igual modo, el tradicional “manual del profesor”, un compendio de aburridas instrucciones y ejercicios con respuestas, ha dado paso a índices, estrategias de preguntas y planes de discusión, diseñados para suscitar el diálogo por medio del cual hay que manejar y comprender los conceptos mencionados en el texto”
(Ibid. pgs. 24-25)

Al poco tiempo de ser presentado este programa en España se fueron formando grupos de docentes interesad@s en el mismo. Aparte del interés formativo, uno de los propósitos que se fueron manifestando fue el de crear nuevos materiales más adaptados y contextualizados a nuestra realidad social y cultural. Y lo cierto es que se han hecho cosas verdaderamente hermosas, partiendo de cuentos, usando el arte, visitando la mitología… siempre dentro de este enfoque que nos propone Lipman en las líneas anteriores.
En el Centro de FpN de Galicia también hemos querido hacer nuestra aportación propia y comenzamos a partir de unos diálogos protagonizados por niños y reunidos bajo el título de Horacio Lumbreras que nos construyó María Corleone, nuestra escritora de cabecera, y que aparecerán pronto en esta misma página.

Al ponernos a trabajar en su aplicación con los niños nos dimos cuenta de que sería muy bueno hacer una presentación de los personajes que dialogan, para facilitar la identificación empática de los lectores con los distintos personajes, así que volvimos de nuevo a nuestra creadora y le pedimos un cuento para cada uno. Como resultado aparecieron Antón, Óscar, María, Salvatore y Lara, cada uno con su mundo propio, sus reflexiones, deseos, problemas. Cinco cuentos que son una de las bases en las que se apoya el proyecto Miroscopio.

Pero además del texto nuestra cuentista nos proporcionó unas ilustraciones realmente originales. Una inversión de perspectivas espaciales, resultado de otras miradas a nuestro alrededor cotidiano, como la que puede tener un niño de 5 años de la mesa de comedor de su casa. Miradas reales ubicadas en perspectivas imposibles, resultado de imaginar desde arriba una mesa de comedor para adultos imaginada por el que sólo mira desde abajo. Esa mirada parte de un universo estético muy personal que vais a conocer en profundidad.

Y AQUÍ ESTÁ EL PRIMER CUENTO, ANTÓN, EL NIÑO QUE NACIÓ EN UNA LUNA DE AGUA:

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