Cuando Matthew Lipman y Ann Sharp llegaron a la Isla de Arousa
Estas cosas probablemente sólo pasen en Galicia, pero… qué le vamos a hacer. El hecho es que un buen día, sin darse cuenta, Matthew Lipman y Ann sharp arribaron a las delicadas playas de la Isla de Arousa, sí, ese trozo de tierra con forma de siete que emerge en medio de la ría. Por esos días la isla ya tenía un puente que la unía al continente, pero no hacía muchos años que los moradores iban y venían en barco desde y hacia Vilanova.
Pues bien, al principio nadie pareció reparar en su llegada, pero eso cambió cuando se acercaron a la escuela, la única escuela del lugar. Allí trabajaba un grupo de gente entusiasta, divertida y trabajadora, que lo mismo se quedaba hasta las tantas preparando una obra de teatro que organizaba una fiesta de San Juan en el patio.
Especialmente se percataron unas cuantas maestras intrépidas y valerosas, que intuyeron que esa pareja de aspecto un poco extravagante podría serles de ayuda en su tarea, Y poco a poco comenzaron a investigar en sus escritos, a leer acerca de lo que habían dicho, a organizar cursos, a tratar con gente que sabía más del tema… y así, casi sin darse cuenta quedaron atrapadas en una manera de hacer a la que ya no pudieron renunciar. Incluso hicieron cómplices a otras compañeras que habían compartido viajes en barco y ahora trabajaban lejos…
Pero, claro… Mr. Lipman y Mrs. Sharp tenían más cosas que hacer y no se iban a pasar toda la vida leyendo a Dewey bajo los pinos del parque Carreirón (donde, por cierto, más de una vez los sorprendieron echando una apacible siesta), así que hicieron el petate y se marcharon a descubrir nuevos paisajes.
Al principio esto causó cierta sorpresa, mezclada con una casi imperceptible sensación de abandono. Era muy fácil preguntar a los sabios y pedirles consejo… pero había llegado el momento de comenzar a resolver los problemas por una misma. Incluso ya había quien se sentía con fuerza como para llevarle la contraria…que no todo iba a ser Lipman por aquí y Sharp por allá… que ya somos mayores como para pensar por nuestra cuenta.
Y, ni cortas ni perezosas, decidieron que tenían que hacer sus propias obras, porque en la isla no hay jerbos ni se saluda a la bandera en medio de la clase.

Necesitaban historias que se entendieran aquí para seguir luchando por lo que la pareja americana les había enseñado: tratar de llevar el pensamiento a la escuela, pensamiento que no sólo quiere ser lógico y razonable, sino también creativo, bondadoso y considerado.
En las películas, cuando el protagonista necesita imperiosamente algo, suele acabar encontrándolo a la vuelta de la esquina. Aquí pasó algo parecido. Hacían falta relatos… y descubrieron que tenían una escritora un par de casas más allá. Una escritora que nunca había mostrado nada escrito, pero que estaba a punto de explotar si no daba rienda suelta a su desmesura narrativa. Y, como en las películas, descubrieron enseguida que estaban predestinadas a entenderse.
Así nació primero un libro de diálogos titulado Horacio Lumbreras. Después conocieron a una mujer con apellido de divinidad lasciva, que ayudó a enfocar las energías creativas. Y surgieron Antón, Óscar, María, Salvatore y Lara, cuentos que nos presentaban a los protagonistas de los diálogos Y a su sombra idearon actividades, propuestas, iniciativas….que plasmaron en un Manual para profes.
Como la alegría es contagiosa, no pudieron evitar tratar de contárselo a quien les quisiera escuchar. Bienvenidas y bienvenidos al mundo Miroscopio.



Carmen Loureiro, Nita Rivas, Lidia Gómez, Lola Folgar, Gema Sampedro, Fina Lorenzo, Jesús Merino

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